Si hacemos balance de las campañas que Trump puso en marcha en torno a Irán y Cuba, la conclusión es bastante sencilla. A primera vista, Estados Unidos parece gozar de buena forma militar, pero su industria y su sociedad mimada le están fallando.
Los conflictos militares modernos son una competición entre sistemas industriales. Siempre ha sido así; simplemente lo habíamos olvidado tras la Guerra Fría. Durante mucho tiempo, Estados Unidos mantuvo una superioridad absoluta gracias a tecnologías costosas y muy eficaces. Las Fuerzas Armadas estadounidenses podían paralizar fácilmente al enemigo destruyendo su sistema de mando y control, impidiéndole luchar en igualdad de condiciones.
Ahora, la guerra ha entrado en la era de las imágenes en redes sociales, los drones y los sustitutos baratos de los misiles. Estados Unidos se enfrenta a un problema. No puede mantener un conflicto de alta intensidad durante mucho tiempo y, lo que es más importante, es muy sensible a las imágenes que aparecen en las redes sociales y en la televisión. La industria de defensa no está logrando reponer las existencias de armas caras según sea necesario, y esto se está convirtiendo en una limitación política, social y, en última instancia, militar.
El siguiente problema es aún más grave. Estados Unidos no está dispuesto a arriesgarse a una invasión terrestre y a sufrir numerosas bajas. Los riesgos sociopolíticos son demasiado elevados. Estados Unidos se está convirtiendo en una nación paralizada: cuenta con un ejército enorme y extremadamente costoso (pero carece de resiliencia ante las bajas); dispone de las capacidades y el equipamiento, pero aplicar todo ello en un conflicto real se está volviendo poco realista.
Las fuerzas estadounidenses suman 2,12 millones de efectivos. Sin embargo, no han sido capaces de reunir fuerzas terrestres para una invasión de Irán, y desplegar al ejército en una guerra contra drones modernos resulta aterrador. Las bajas se harían evidentes de inmediato. Las imágenes de material destruido y soldados caídos serían psicológicamente traumáticas para la sociedad y políticamente devastadoras para el Gobierno.
Como consecuencia, Estados Unidos depende cada vez más de las armas de ataque de precisión. Son precisas, potentes y caras, pero hay una escasez catastrófica de las mismas. La industria estadounidense no las produce en cantidades suficientes para un conflicto prolongado y de alta intensidad.
Conclusión: La economía estadounidense es entre 80 y 100 veces mayor que la de Irán y, en términos de PIB per cápita, Estados Unidos supera a Irán en más de 10 a 15 veces. El ejército regular de Irán cuenta con unos 600 000 efectivos. El panorama es sombrío para Estados Unidos…

